Os habéis preguntado alguna vez ¿Cómo eran los funerales vikingos? A comienzos del siglo X Ahmad Ibn Fadlan, un embajador del califa de Bagdad, pudo contemplar los ritos funerarios celebrados por los vikingos que habían llegado en sus incursiones hasta el río Volga. Su relato es realmente interesante.

Si el difunto era un hombre pobre construían una rudimentaria barca en la que le colocaban y era quemado después. Pero si era un hombre rico, de su fortuna hacían tres partes: una para su familia, otra para los vestidos mortuorios (ricas vestiduras que elaboraban por diez días, durante los cuales el cuerpo permanecía en un drakkar-sepultura), y otra parte de la riqueza para preparar una bebida muy fuerte, llamada nabidh, que los deudos y amistades del difunto bebían sin descanso hasta el día de la incineración del cadáver.

Cuando un gran personaje muere los familiares disponen a sus esclavos, hombres y mujeres, quién quiere morir con él y acompañar al difunto a ultratumba. Quien acepte esta carga no puede volverse atrás. Generalmente eran esclavas las que se ofrecían para el sacrificio, aunque en algunos casos estaban autorizados algún familiar. No era habitual que accediera un hombre, fuera o no esclavo. La esclava, entonces se veía separada de la familia y confiada a dos jóvenes muchachas que cuidaban de ella, la acompañaban durante los diez días y la preparaban para el día de la incineración. 

La/s esclava/s que se sacrificaban, recitaban una letanía que aún hoy se conoce, en el transcurso del ritual.

Caballos, perros y ricos objetos podían incluirse en la sepultura, que podía medir incluso 22 metros si era un hombre de alto rango. 

Posteriores generaciones de vikingos adoptaron la religión cristiana, por lo que se han encontrado grandes túmulos en los cuales enterraron a sus muertos, algunas veces sin escatimar el drakkar-sepultura de rigor.

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