Siguiendo con las confesiones que os he hecho últimamente sobre mis orígenes, os diré que a los 11 años creé mi primera “empresa”. No creas que trato de chulear ni de aparentar lo que no es. Si bien es cierto que no fue una empresa como tal, tenía la misma estructura, y los mismos principios, sigue leyendo y te explico.

Desde pequeño se me ha dado bien escribir (o eso me decían mis profesores), por tanto era previsible que acabara teniendo un blog y escribiendo libros, pero el caso es que con 11 años rentabilicé esta habilidad por primera vez. Estando en clase, me dio por escribir cuentos, ahora mismo no recuerdo como surgió todo, el caso es que escribí varios, y los “encuaderné” Poniéndole una portada gráfica (un folio doblado a la mitad y grapado uniendo las hojas interiores, en el que dibujaba la portada artesanalmente.

Finalmente el último que escribí fue una novela basada en la realidad, pero obviamente incluyendo licencias creativas que impedían que nadie se ofendiera, y es que el título fue “La boda de dos tontos”. Estaba semibasado en dos compañeros de clase, Laura y David, que por cierto eran los guapetes de la clase para todos y como suele pasar en estos casos con los niños todo el mundo en la clase decían que eran novios.

Pues el caso es que empece con esta historia y fui incluyendo al resto de miembros de mi curso, y alguien lo leyó, empezando por mi compañero de pupitre. La cosa es que gusto y empecé a vender ejemplares al módico precio de 5 pesetas, pues todo el mundo quería leer la historia y por supuesto su aparición estelar en ella. Ahora no se realmente como está el tema de alumnos en las aulas, pero por aquellos años eramos unos 40 en la clase, y cada uno quería su ejemplar, por lo que llevaba retraso en los pedidos y acababa destrozada mi muñeca de tanto escribir, por no hablar de que mi letra no es que fuera muy legible (algunas cosas nunca cambian) por lo que ideé un sistema para lograr cumplir mis objetivos.

Contraté a varios compañeros de clase. Los que tenían mejor letra copiaban mi manuscrito y yo les pagaba una peseta por copia, que como he dicho vendía por 5 pesetas. Otra peseta la gastaba en un compañero que dibujaba muy bien, y que me hacia copias de las portadas. De esta forma pude cumplir con los pedido pendientes en tiempo record, y ampliar las ventas vendiendo también algunos de los otros cuentos que había escrito.

Todo era maravilloso. Había creado un sistema que me había reemplazado, y que me daba tres pesetas limpias solo a cambio de promocionar mis “obras”. Quizá la moraleja aquí sea que hay que emprender y lanzarse, pero no penséis que todo fue tan bonito. Finalmente la empresa quebró y tuve que cerrar. El por que es sencillo. Me dormí en los laureles. Estaba tan feliz disfrutando de las ganancias, y por que no decirlo, del pequeño reconocimiento, que no escribía mas, por lo que pronto los pedido empezaron a caer hasta quedarme sin ninguno. Afortunadamente yo encargaba las copias a mis compañeros según me las pedían, por lo que, al menos, no me quedé con stock, ni perdí dinero, pero el momento paso, y tuve que “cerrar la empresa”.

Así que aquí tenéis la otra moraleja. Y es que aunque las cosas funcionen siempre tenemos que estar innovando y buscando formas alternativas o productos/servicios añadidos o separados y por supuesto diversificar nuestras fuentes de ingresos.

Y tu, ¿has hecho algo parecido? ¿A que edad? ¿Cometiste errores? ¿Cuales? Como ves el mio fue muy gordo, pero sin embargo, algo que me llena de orgullo fue a que edad y cómo creé mi primera “empresa”.

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